Durante años viví una relación en la que, poco a poco, la conexión emocional y sexual fue apagándose. No ocurrió de golpe, sino de forma silenciosa: la rutina, el desgaste emocional y la falta de comunicación fueron creando una distancia que no sabía cómo nombrar, pero que sentía en el cuerpo, en el deseo y en la forma de vincularme.
Amaba a mi pareja, pero ya no me reconocía en la relación que estaba viviendo. Algo en mí intuía que aquello no podía ser todo, que la resignación no era el destino inevitable de las relaciones largas, pero tampoco sabía cómo salir de ese lugar.
Ese momento de crisis se convirtió en un punto de inflexión. Empecé un proceso profundo de trabajo personal: mirar mis heridas emocionales, cuestionar mis creencias sobre el amor y la sexualidad, reconectar con mi cuerpo y con mi deseo, y aprender nuevas formas de habitar la intimidad desde la conciencia, la verdad y la presencia.
No fue un camino rápido ni fácil. Fue un proceso de sanación, de confrontación interna y de transformación real. Pero en ese recorrido descubrí algo esencial: la conexión no se pierde, se transforma, y puede reconstruirse desde un lugar mucho más auténtico que el que existía antes.
Hoy, esa experiencia es la base de mi trabajo como coach en relaciones y sexualidad consciente. No acompaño desde la teoría, sino desde la vivencia. Sé lo que significa sentir que algo se ha roto, y también sé que es posible reconstruir la relación —o la forma de vincularte— desde la verdad, la conciencia y el deseo.
Mi propósito es acompañar a mujeres que están atravesando ese mismo punto de quiebre, para que puedan comprender qué les está ocurriendo, recuperar su voz emocional y sexual, y elegir sus relaciones desde la libertad y no desde el miedo.